Cachés dans tout que ce je vois
Cerca de mi casa, a unas cuadras apenas, en un bosque de eucaliptos vive un árbol. Es otoño en la región y me acerco este año a verlo perder sus hojas.

Miro este árbol en particular porque es especial, porque sus hojas son el mapa de cada recuerdo del árbol.
Cada año ramas verdes y alargadas dan vida a a nuevas hojas que guardan en si un fragmento del tiempo en que nacieron. Mirando las hojas uno puede tener evidencias de lo que ha vivido el árbol.

Una cosa mas curiosa sobre el hecho de sus hojas lo constituye el tema de la vida de cada hoja. En su mayoría, las hojas no perduran mas de unos minutos sobre el árbol, porque a este árbol en particular las hojas nacen y mueren durante todo el año. Si. Este árbol ve morir a sus hojas durante todo el año, así como también las ve nacer, solo que en otoño e invierno mueren con mayor frecuencia y nacen en mayor cantidad en primavera y verano. Siendo entonces que las hojas de este árbol no tienen una vida promedio, algunas conservan apenas los últimos segundos de existencia, atrapan en sus nervadura cosas minúsculas: la brisa del viento o los rayos de sol que aun frágiles se escabullen entre la neblina matinal; Se les ve aun verdes y llenas de vida, con mucha capacidad todavía por delante, y sin embargo, se desprenden de la rama y atraídos por el abrazo amoroso de la madre tierra, vuelven al suelo, al cual alimentaran nuevamente para volver al árbol y dar a luz a nuevas hojas que habrán de caer, eventualmente sea solitarias o con el mismo árbol.

Algunas no caen, es verdad. Observándolas, podemos ver hojas marrones, casi petrificadas; son aquellas que han muerto abrazadas al árbol, sea por algún incendio violento que ha quemado algunas hojas , como aquella de la derecha, solitaria, que resiste en la punta de la rama, también antigua y reseca, recordando el dolor de aquel día marcado a furia y fuego en que un imprudente provoco un incendio en su base. O como aquella otra hoja que descolorida y roída que recuerda aquel gusano que hambriento de savia se alimento para volar mas tarde convertido en mariposa dejando huecos en su estructura.
Hay ramas enteras que se encuentran vacías, sin hojas, son quizás las mas tristes en la visión del árbol, porque amenazadas por algún hongo venenoso, el árbol ha tenido que desprenderse de ellas, y dejar morir a la rama, a fin de evitar peligrar la salud del árbol entero. Supone para el árbol un gran sacrificio, porque se debe mantener aun la carga de la rama y mostrar su esqueleto con desnuda vergüenza, enfrentando la posibilidad de miradas de transeúntes que de buenas a primeras verían un árbol muerto y seguirían camino sin enterarse jamas de los misterios que contiene.
Sin embargo no todas las hojas antiguas se abrazan al tronco por dolor. Hay hojas mezcladas en la copa que nos muestran una faceta viva, son hojas especiales, porque en su estructura, en cada una de sus células, se notan la antigüedad de sus recuerdos, y a pesar de ello, estas hojas son mas verdes que ninguna. Ellas guardan consigo los momentos mas bellos de la existencia del árbol y las hay breves pero únicas. Desde la primer hoja que vio un rayo de sol al abrirse paso de la tierra, hasta aquella noche en que un totoro se cobijo en sus ramas.

Dada su antigüedad, estas hojas han aprendido a la perfección la tarea de convertir luz y agua en vida, son estas hojas quienes sostienen la estructura total del árbol, pues trabajan varias veces mas que las hojas comunes y brindan los nutrientes que permiten a este ser avanzar hacia el futuro sin secarse por dentro.
Esto tiene un efecto increíble sobre el árbol, porque nos da una visión generalmente incompleta dependiendo de donde se lo mire, llegando a crear muy malas impresiones.
Por ejemplo, un ala entera del árbol ha de encontrarse eternamente llena de vida. Sus hojas parecen estar bendecidas por un constante rocío y en ella los pequeños animales que transitan por el bosque, detienen sus quehaceres para descansar. Semejante belleza opaca al resto del árbol. Uno al ver desde este angulo podría considerar erróneamente que se encuentra en presencia de un árbol prístino y puro que ha sobrevivido eternamente sin mas que ver amaneceres y ocasos. Pero si giramos a la derecha, veremos que la historia es distinta. La base tiene una gran quemadura, tanto que ha ahuecado el tronco, llegando los daños hasta el centro de su estructura. En el medio de la marca del tronco, subiendo y llegando a la copa, podemos ver que hay ramas muertas convertidas en carbón. A los costados hay algunas con mejor suerte, tienen hojas quemadas completamente y destruidas, otras que simplemente están muertas, pero abrazadas aun a la rama, como mencionaba antes. Es por eso que al mirar esta parte del árbol, viendo los daños en el tronco, las hojas muertas que recuerdan la tragedia, o las calcinadas, tan impresión puede ocultar a nuestros ojos la forma en que detrás de estas ramas la vida florece. Pero no debería esto de generar estupor. Porque si bien a una primera vista esta es una vista catastrófica, entre las ramas quemadas puede haber siempre un brote nuevo y verde. Es cuestión de no cerrar nuestros ojos a tal deprimente espectáculo, y buscar, buscar esos brotes que puedan, si bien no ocultar el daño, demostrarnos que, como yo creo, este árbol en especial es tan fuerte que puede florecer siempre que se este dispuesto. Inclusive, (¿Porque no?) sea el lugar de nacimiento de aquellas hojas inmaculadas, que ayuden a dar mas fuerza al árbol.
Mirando al costado podemos ver regiones enteras que han sido roídas y parecen sufrir y morir lentamente. Observando en si mismas una marcha lenta y dolorosa hacia la muerte, pues no hay para estas hojas ya dañadas, forma de recuperarse de tal abuso y en sus últimos alientos, buscan generar la mayor cantidad de nutrientes, elemento vital que de fuerzas a nuestro enfrentar a los gusanos parasitarios.
Finalmente y a pesar de las zonas dañadas que son varias, todas las regiones, tanto las muy dañadas como las mas vivas están unidas por regiones verdes y tupidas de hojas verdes que si bien no brillan con la fuerza de las primeras y son mas chicas, son la mayoría y entre todas proporcionan no solo alimento en menor cantidad que las otras mas brillantes y grandes, sino que absorben grandes cantidades de agua de lluvia, indispensable para todo ser vivo.

Pero no solo acaba en los recuerdos. Observando durante años y con oídos bien atentos, me di cuenta que cada hoja produce vibraciones, pequeños sonidos que unidos entre hojas y hojas forman notas. Mas aun, si uno les da tiempo, estas hojas empiezan a interactuar, reordenándose las ramas y las hojas a voluntad del árbol.
Con el tiempo, estas hojas empiezan a mesclar sus sonidos entre si, generando pequeñas melodías. Incluso en días de tormenta o días de sol, las hojas vibran y su música puede oírse a varios metros a la redonda. Pero el sentido del viento influye mucho en la melodía, pues a fin de cuentas, el sonido se sustenta en el viento. Y si este apunta hacia el lado donde no hay hojas, no se producirá música y un silencio sepulcral. Entonces en aquellas noches cerradas o en medio de una fuerte tormenta, la canción de vida del árbol parecería haberse extinguido, aungustíandome frente a la posibilidad de que haya sido alcanzado por un rayo asesino, que haya puesto fin a sus días.
Pero cambiando el origen de viento y acariciando suavemente las hojas mas bellas del árbol, estas proporcionaran melodías tan bellas que envuelven en una atmósfera de éxtasis y gozo, pudiendo sentir cada nota flotar en el aire y acariciar nuestro cuerpo. Inclusive puedo llegar a confundir algunas notas y creer que ríe, es uno de los sonidos mas hermosos del universo, pocas cosas se comparan.
Por momentos me recuerda este tema:
Es entonces, cuando extenuado de tanta felicidad interna contagiada por su música, puedo dormir en paz apoyado en él.
Al fin y al cabo, este ser tan particular y bello debe de ser observado durante y largo tiempo, con paciencia en los detalles y con atención en las notas que de sus hojas emanan. Y con el tiempo, eso que en una primera impresión me pareció un árbol agobiado por aquel incendio, resulto ser el poseedor de una belleza increíble, en el cual podemos notar el funcionamiento del universo en cada célula y como la vida fluye a lo largo de toda su extensión. Siendo quizás la esta la respuesta a todo misterio en esta vida. No hay mas verdad que la que fluye dentro de nosotros.
Como decía antes, siendo otoño, corrí al bosque al bosque deseando verlo, quizás sentarme en sus raíces para disfrutar del atardecer y contemplar el universo y las estrellas desde sus ramas, desde las cuales como estrellas fugaces caen hojas doradas. Pero alguien había puesto una cerca…
¿Quien sería capaz de cercar el acceso a alguien que no ha hecho mas que observar maravillado, tanta vida reunida en un solo lugar?
